martes 14 de julio de 2009

De vacaciones con esos hombres que no amaban a las mujeres

La última vez llegué con un puñado de buenas intenciones. Aunque se ve que, a veces, no vale con eso, y no voy a forzarme a ir escribiendo, y escribiendo... si el cuerpo no me lo pide. Puede que necesite darme un respiro.
Y no es que esta sea la razón principal, pero me van a venir genial unas vacaciones, que parece ser que empezarán este viernes. Me voy una semanita a Castellón, y dejaré bien atrás el norte peninsular y todo lo que tengo por aquí. La desconexión está en marcha. No me puedo quejar, ya que este año iba a quedarme sin vacaciones: el "pariento" lleva casi un año buscando ofertas de trabajo que nunca llegan, y no era buen momento para meterse en grandes gastos. Pero a veces pasa que llamas a una tía tuya que vive en Castellón para felicitarle el cumpleaños, ella te pregunta por tus vacaciones, tú le comentas cómo está el panorama, y entonces ella te ofrece su casa para ir a pasar unos días. Teniendo en cuenta que vive en un adosadito muy mono separado de la playa mediterránea tan sólo por una calle y un pinar... era difícil negarse.
Todavía no he empezado con la maleta, pero lo tengo todo organizado en una extensa lista, con esas cosas que nunca pueden faltarme en un viaje. Y una de ellas es un buen libro, of course. El último que cogí en la biblioteca no consigue engancharme, y lo tenía un poco abandonado, así que pensaba cambiarlo antes de irme. Tal vez mañana.
Aunque hoy, que no era un día precisamente bueno, el azar me guardaba un pequeño empujón de ánimo. Ese azar que me ha llevado a pasar ante la puerta de la biblioteca cuando no estaba planeado, y entrar a probar suerte. En el ordenador de la entrada he escrito unos cuántos títulos que hace tiempo que llevo en la cabeza, y que me está costando encontrar disponibles, a pesar de que hace mucho tiempo que se cayeron de las lista de más vendidos. Nada, no había nada. El caso es que, sabiendo que era imposible, había dejado mi último intento para "Los hombres que no amaban a las mujeres". Huelga decir que cualquier parte de la trilogía cotiza más alto que el barril de brent, y parece que siempre hubiese alguien en la puerta de la biblioteca esperando a ver entrar a quien lleve uno de esos libros en la mano para pegarse a su trasero y hacerse con la presa en cuanto se posase de nuevo en la balda. Pero hoy me ha fallado la famosa ley de Murphy, según la cual me iba a ir a mi casa con las manos vacías. A poco más se me caen los ojos de las cuencas al ver que había un ejemplar marcado en verde en la pantalla. Como pararme a asimilarlo no podía ser más que una pérdida de tiempo, por si acaso, he subido corriendo (literalmente) a la sala y me he lanzado a la estantería. Vaya. El libro no estaba. Ya sabía yo que eso tenía que ser un error del sistema. O de lo que fuese, pero un erros. La ilusión había sido tan grande, que mientras terminaba de esfumarse, he seguido revisando la balda, por si lo habían colocado fuera de su sitio. Y en esas estaba, cuando un empleado de la biblioteca me ha pedido que me aparte... para poner en su lugar el gran objeto de mis deseos. ¿Un espejismo delante de mis narices? Por si las moscas, le he preguntado si me lo podía llevar con esa cara de "no puede ser cierto esto que me pasa". Pero si, era cierto, y 30 segundos más tarde me dirigía al mostrador, donde una chica me ha mirado sonriendo mientras me decía: "Lo has conseguido, ¿eh? Mira que lo acaban de devolver y le he dicho a mi compañero que en menos de 2 minutos ya lo habría cogido alguien otra vez". ¿Y cuántas posibilidades había de que esa personita fuese yo? Pocas, muy pocas, pero esta vez me ha tocado.
Vacaciones y playita a la vista, abandono de rutinas, y con un codiciado tesoro bajo el brazo. Esto de las vacaciones... va a resultar que está muy bien.

viernes 3 de julio de 2009

Punto y a parte

Hoy lo he vuelto a hacer, otra vez soltando el mismo discurso. Hasta he llegado a plantearme la posibilidad de prepararme un kit-anti-caras-raras, que constaría de una grabadora (o un reproductor MP3, que para eso soy una chica moderna) con todo mi rollo bien explicadito, los resultados del análisis de sangre y un montón de ecografías.
Si, he adelgazado bastante. Ala, ya lo he dicho. ¿Y qué? ¿Acaso por eso tengo que aguantar que la gente, la mayoría conocidos a los que apenas veo y que no me conocen ni de lejos, me miren con cara de pena, como pensando "pobrecita enfermita"? ¿Qué se supone que tengo que contestar cuando me dicen: "Uy, cuánto has adelgazado"? ¡No me digas! Y yo que no me había dado cuenta... He tenido que arreglarme un montón de pantalones para poder ponérmelos, pero si no llega a ser por tu comentario...
Vamos a darle la vuelta al tema: ¿que pasa con los gorditos? Está muy mal visto meterse con ellos, hacer comentarios inoportunos... Y a nadie se le pasa por la cabeza preguntarles si se controlan el colesterol, ni les cuestionan sus hábitos alimentarios en mitad de la calle, ni les miran como pensando "pobrecito, qué mal está..."
Que quede clarinete: Si, como de todo y muy bien. Y no, no estoy enferma. Pero si que estoy muy cansada. De la gente. ¿Acaso se creen con derecho a todo? ¿Por qué no, antes de hacerme preguntas sobre mi vida, te miras a ti un poquito? Mis análisis de sangre dicen que estoy sana y yo me encuentro muy bien. Seguro que más de la mitad de la gente que me mira raro no podría decir lo mismo. Yo no voy por ahí diciendo: "Oye, cómo has engordado", "Uy, qué mala cara tienes", "Esa ropa que llevas no combina para nada, pareces un payaso", "Ese grano que te ha salido en la frente es terrible". Entonces, ¿por qué a mi me toca escuchar tantas tonterías que no me ayudan para nada?
Yo no he buscado adelgazar, simplemente, es algo que ha pasado. Tampoco es que me haya quedado famélica, porque más me parezco a un gimnasta: soy todo músculo, sin grasas, aunque eso suponga, por ejemplo, que se me marquen mucho las venas de los brazos, como a los culturistas (pero salvando las diferencias). Fui a la endocrina, para descartar cualquier posible problema de tiroides. Tengo las hormonas en orden, pero me encontraron un quiste paratiroideo. En un principio pensaron que era bocio pero, gracias a Dios, era un quiste benigno y todo líquido. Me hicieron una punción en el cuello para vaciarlo, y así cambié mi "alien" de casi 4 centímetros por una jeringuilla con 20 centímetros cúbicos de líquido. Ahí es nada. Desde la primera consulta médica hasta que he terminado con todas las pruebas ha pasado más de un mes. Muchos días de nervios, de incertidumbres... que se sumaban a las preocupaciones cotidianas que todos tenemos.
Pero es que lo peor de todo ha venido de la mano de todas esas miradas y comentarios, que tan mal me lo han hecho pasar. Cuánto nos hacen sufrir los demás, aunque sea sin malas intenciones... Por no pasar por lo mismo una y otra vez, a veces he intentado esquivar quedadas, o he elegido la ropa estratégicamente para ir un poquito más tapada. Todo esto me ha hecho pasar días complicados, no me he sentido bien, y creo que incluso ha sido la causa de dejar abandonado el blog. Sencillamente, no tenía humor, y todos mis días giraban en torno al dichoso tema. Y me he llegado a sentir en un círculo vicioso, en el que los demás me agobiaban, yo estaba nerviosa y angustiada, y ya se sabe que todo lo que pasa por la cabeza también quema energías. Así no hay quien engorde, hombre.
Así que aquí me planto, para dejar por escrito mi propósito, que he intentado empezar a poner en práctica: no me va a importar lo que me digan ni cómo me miren, porque yo sé que no tengo por qué preocuparme; voy a recuperar toda mi ropa veraniega, para lucir sin preocupaciones mi cuerpo libre de grasas y mi vientre plano; voy a seguir comiendo lo que me apetezca, cuando me apetezca y sin sentirme obligada por las miradas inquisidoras; no voy a obsesionarme, sino que voy a relajarme y cada mañana me repetiré delante del espejo que me siento bien. Es mi cuerpo, y me gusta. Me gusta así, y me gustará cuando vuelvan los kilos. Porque volverán. Cuando yo haya vuelto a ser la de antes, y no al revés.

domingo 21 de junio de 2009

Vuelta a los escenarios (I)

Hace más o menos un año... pasé varias horas subiendo vídeos (más o menos vergonzosos) de una servidora en su festival de ballet de fin de año, e intentando explicar lo que éste día significa para mi.

Hace una semana... estaba ya descansando, tras un agotador aunque estupendo nuevo festival. Esta vez nos tocó madrugar, y a las 5 de la mañana estábamos entrando al teatro, con los moños bien peinados y los nervios puestos. Lo peor siempre son los ensayos. De repente, te ves en el escenario, y el peso de ver el patio de butacas, todavía vacío, es muy grande. Nada sale tan bien como en clase, y quieres repetir, y repetir... pero las 11 de la mañana cada vez se acercan más, y hay muchas alumnas con muchos bailes por ensayar. Tienes un par de oportunidades... y gracias.

Este año, los nervios estaban más atacados que nunca. A todas se nos notaba en la cara. Apenas habíamos empezado, y ya estábamos deseando que acabara. Yo pensaba que no tenía sentido, puesto que este año hemos "currado" más que nunca, llevábamos todas las coreografías aprendidas al milímetro y marcadas casi a la perfección, con muchísimas horas de trabajo detrás... con esto, tendríamos que haber llegado con la tranquilidad del trabajo bien hecho. Pero supongo que esto mismo tiene su doble cara, y es una gran presión. No porque las profesoras nos exigieran unos buenos resultados, sino que es una cuestión personal. Por lo menos en mi caso, y me apuesto mi par de puntas a que a mis compañeras les pasaba exactamente lo mismo. En tu interior sabes cuánto esfuerzo te ha supuesto llegar ahí, y sabes que el fin de todo ello es hacer una buena representación. Hasta ahí, todo bien. Pero... ¿y si el destino decide fastidiarte? Entonces todo tu trabajo se esfuma en medio minuto. Y ese pensamiento no ayuda mucho, pero es tan difícil desecharlo, y los nervios son tan traicioneros...

Sea como sea, las horas pasan, y llega el momento de ponerse las medias nuevas, el maillot negro y reunirnos todas en el escenario, que ya tiene el telón cerrado. Y ahí todo cambia. Hayas hecho buenos o malos ensayos, de repente todo es euforia, una corriente de nervios que parece que se te escapan por las puntas de los dedos. Sabemos que la adrenalina nos va a mantener al 200% en las próximas horas. Y la cortina se abre y empieza a sonar la pieza con la que comenzamos todos los años (eso consigue que cada vez que escuchamos la sinfonía nº 41 "Júpiter" de Mozart nos traslademos mentalmente a ese escenario, con todas las emociones que eso conlleva) Y a partir de ahí, podríamos decir eso de "De perdidos, al río". El trabajo ya está hecho, y el momento ha llegado. Lo único que puedes hacer es disfrutarlo, porque pasa demasiado deprisa.


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La primera aparición es bastante breve (y este año un poco "accidentada", porque las niñas chiquitillas se ve que se retrasaron un poco, y como las mayores salimos al final del número, tuvimos que terminar cuando la música ya se había acabado), y pasa casi sin darte cuenta. Así que, cuando volvemos tras el escenario, es cuando cunde el pánico: nuestra próxima aparición sobre el escenario será solas. Cada una bailaremos una variación, a la que hemos dedicado mucho tiempo, mientras todos los ojos del patio de butacas están sólo sobre cada una de nosotras. Te admirarán si lo clavas, pero también verán todos tus fallos. Sea como sea, el escenario entero te espera, ha llegado ese momento que deseas que llegue, a la vez que esperas que termine cuanto antes. ¿Qué hacer con todos esos sentimientos encontrados, tan contradictorios, viajando por tu mente a toda velocidad, recorriéndote como si chocaran unos contra otros? No hay tiempo para pensarlo, la música suena, y te lanzas. Lo mejor de todo es cuando eres consciente de que mientras bailas, lo haces con una sonrisa, y disfrutando de cada movimiento. Eso es lo bueno que queda. Con nervios y todo... creo que no fue del todo mal. Muchas cosas las habría hecho mucho mejor en una segunda intentona, pero siempre queda ese raro consuelo de que también podría haber sido peor. Aunque lo que ahora veo en el vídeo no es lo soñado, ni mucho menos, me puedo sentir orgullosa de haber dado todo lo que tenía en mi. Una vez me dijeron que "un esfuerzo total es una victoria completa". Así que ésta es la mía:


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Y de momento, dejo otro vídeo, con la danza que corresponde a cada curso (para que nos entendamos, es uno de los "ejercicios" que cada curso prepara para sus exámenes). Es cortita y algo "light" para dar por terminado el primer fascículo de este festival. Que, como ya dije en su momento, es un tanto vergonzoso de enseñar, pero es de lo poco que tengo que ofrecer. Que, a su vez, ya es bastante.


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miércoles 17 de junio de 2009

Colorín colorado...

Cuando somos suficientemente pequeños, nos dormimos escuchando esos bonitos cuentos que nos hablan de princesas y príncipes poniéndose felizmente de perdices hasta las trancas, de malos que siempre salen perdiendo, y de pequeños contratiempos que se solucionan a golpe de varita mágica.

Esta magia es maravillosa, y es una gran alegría ver cómo vive en los niños. Más que nada, porque según nos vamos echando años a las espaldas, empezamos a ver (en demasiadas ocasiones) la cara sucia de la moneda. Y se nos ocurre ponernos a pensar en eso de que "los cuentos, cuentos son", y somos capaces de ver (aquí) a la princesa Jasmin inmersa en la guerra de Oriente Medio, a la Bella pasando por numerosas operaciones estéticas, o a Rapunzel sin su larguísima cabellera a causa de una grave enfermedad. ¿De verdad es esto lo que queremos? ¿No era todo mucho más bonito cuando eramos un poquito más inocentes? Tenemos tanto que aprender de los más pequeñajos...

viernes 12 de junio de 2009

Pasando el informe

Me siento mal por tener el blog un tanto abandonado, con todas las horas que le he ido dedicando, para contarle penurias, grandes momentos y chorradas de muy diversa índole, sin obtener una mala seña por su parte.
Nunca me ha fallado, y en cambio yo lo he dejado tirado. Por eso he decidido hacer esta aparación estelar, porque es como cuando estás pasando unos días fuera de casa y llamas a tu madre para pasarle el informe de todo lo que ya has hecho y lo que estás planeando. No sabes por qué, pero sientes en el fondo de tus tripas que es lo correcto.
Yo esta semana he terminado del todo en el instituto, porque ya he recogido las notas y sólo tengo que volver para hacer la matrícula del curso que viene. Viendo el boletín, me merezco unas buenas vacaciones.
Además, he tenido que rechazar una bastante-buena oferta de trabajo para este fin de semana porque lo tengo... un tanto liado. Por fin, vuelve a llegar el festival de ballet que preparamos todos los años. Ya conté y reconté hace un año cómo de importante es este día para mi, y que lo disfruto como pocas cosas en esta vida. Pero ahora son los peores días, porque los nervios que te carcomen el estómago a veces dejan un poco sepultada esa ilusión. De momento, sé que mañana vamos a dedicar toda la mañana al último ensayo, y que el domingo a las 5 de la mañana estaremos todas en la puerta del teatro, esperando para poder empezar los ensayos en el escenario. fffffff.... No hay nervios, todo está en la mente, todo el trabajo está hecho, no hay nervios, nada puede fallar, fuera tensiones... fffffff.....
Ahora, que lo pienso: tengo que limpiar mis zapatillas, recoser bien los lazos para que no se me descosan a última hora, empezar a sacar del armario los maillots, medias... Y creo que con esto, de momento, ya le he pasado el informe de rigor a mi blog, ¿no? Bueno, es que sentía que se lo debía.

lunes 8 de junio de 2009

Contra las ganas de nada... "Presto"

La verdad es que llevo varios días pensando en qué puedo escribir. Ahora que empiezo a tener más tiempo, no me gusta sentir que tengo esto abandonado. Pero ahora que dispongo de ratos libres, no tengo ganas. No sé si por unas cosas, o por otras, o por nada. Pero el caso es que no consigo animarme a comentar nada.
En cambio, voy a verme un vídeo (de entre tantos) que siempre me hace sonreír un poquito.


lunes 1 de junio de 2009

Las vacaciones llegan entre rosas y patatas a la riojana

A ver, qué hora es... En la esquina de la pantalla el reloj marca las 18:08 (aunque no creo que termine de escribir y publicar hasta la noche jeje). ¿Ha fallado algo? Si yo a estas horas tendría que estar en el instituto. ¡Si no fuese porque estoy de vacaciones! Bueno, de momento, esto no es sinónimo de tener las tardes libres, porque ya tengo unos cuantos "deberes" con los que ocuparme, pero por algo se empieza. Aunque sólo sea por tener un ratito para volver al blog.
La semana pasada me tocó dar el empujón final al tema de los exámenes, y aunque todavía no tengo resultados, creo que me puedo dar por satisfecha. Aunque no tanto como me sentía mientras apagaba el ordenador o mientras bajaba la escalinata por última vez con libros y cuadernos en el bolso. Todavía tengo que ir a ver algunos exámenes, a por la notas, matrículas... pero eso es como un paseo.
Ha llegado todo de golpe: el calorcito, el rescate del atuendo veraniego, las tardes libres... y oye, me está sentando de maravilla. Y aunque todavía queden algunos asuntos "pululeando" sobre mi cabeza, eso de salir a la calle en manga corta y que me de el solecito, parece que lo hace todo más sencillo y agradable.
De momento, tenía pensado haberme pasado por aquí antes, pero al final el fin de semana me ha salido algo movidito. El sábado empezó como las anteriores semanas con el ensayo para el festival de ballet (que se acerca inexorablemente), y estuvo bastante bien, aunque nunca terminaré de acostumbrarme a ese calor pegajoso que nos inunda toda la mañana. Y por la tarde, estuve viendo un espectáculo que se supone que era de acrobacias con coches, derrapajes imposibles, pruebas super-hiper-arriesgadas... pero creo que voy a dejarlo en un "por lo menos fue un plan para pasar la tarde".
Y el domingo es cuando se montó la gorda. O la de la rosa. Vamos, la fiesta del PSOE en la feria de muestras. Yo sólo sabía que iba a haber discurso del Lehendakari y del Presidente, que todo iba a estar lleno de gente que, tras escucharles, iban a disfrutar de una comida popular y una especie de verbena. Bueno, y también sabía que yo tenía que llevar mi DNI, camisa blanca y pantalón y zapatos negros para servir las mesas. Lo primero que me llamó la atención fueron las escasas medidas de seguridad. Fuera de la feria había una tropa enorme de furgones, policía, seguridad... pero resulta que a mi ni me pidieron el DNI. Seguro que tiene una explicación lógica, pero yo todavía no la he encontrado. Bueno, tras reunir a todo el batallón de servicio y dividirlo por grupos, nos vamos todos hacia el pabellón. Y ahora llega el momento en que no sé cómo explicar la sensación de angustia al ver el percal: "¿Y tenemos que servir patatas a la riojana a toda esta gente?" No sé quién organizó el cotarro, pero lo felicito, porque no creo que fuese posible rentabilizar mejor hasta el último centímetro cuadrado. Con las mesas corridas de varios metros de longitud, tan pegadas entre ellas, las sillas y los vasos de plástico, las banderolas... eso parecía un campamento. Llegamos a ver el final del discurso de ZP, que tras soltar la gran-frase-de-acabar-discurso-por-todo-lo-alto, se vio (nos vimos) envuelto en nubes de humo y confetis, con los equipos de música a todo volumen, y rodeado por los gritos histéricos de todos los que estaban allí, agitando banderas y pancartas hasta el límite del dislocamiento de hombro. De repente, del campamento me había trasladado a la cabalgata de Reyes. Porque tampoco hay tanta diferencia entre unos chicuelos y unos jubilados enloquecidos por la visión de una comida popular, ni entre unas quinceañeras en estado de hormonación compulsiva antes de un concierto de Bisbal y esas señoras luchando por dar un par de besos a un político. Por lo menos, mientras esperábamos, pudimos disfrutar del curioso espectáculo. El resto es fácil de imaginar: las personalidades no comparten vajilla de plástico con sus fans, pero a éstos ya poco les importa, y sólo se preocupan por pedirte otro cacho de pan cuando todavía ni siquiera se había terminado de repartir al fondo de la mesa, o por protestar por la escasa cantidad de guisado, o porque no me dejan servir más patatas en cada plato, o por mostrarse incapaces de entender que no puedo servir a las mesas que no son de mi rango, por muy apretada que tenga que pasar junto a ellas. Curiosamente, hubo un hombre a quien le hubiese permitido mostrarme su mala cara, pero tuvo el detalle de no hacerlo. Supongo que entendió que si le tiré un vaso de tinto por la espalda, fue porque algún mamarracho medio toñado por el orujo no se había percatado todavía de que el espacio era reducido, y no sólo no me facilitaba el trabajo, sino que sin imnutarse me empujó la bandeja con la que iba recogiendo los vasos abandonados por las mesas. ¿A cambio de qué? De un buen cacho de pan que afané, un trozo y medio de tarta, y algunos euros que están por venir. Ah, y también la oportunidad de comprobar (para que nunca se nos olvide) que siempre nos va a tocar encontrarnos con gente dispuesta a tocarnos un poco la nariz, así que conviene armarse de paciencia, un poco de relajo, y una sonrisa tan grande como puedas forzarla.

domingo 24 de mayo de 2009

Tiene logotipos el asunto

Hay que ver, cuántas cosas pasan por nuestras manos todos los días. Son tan corrientes que ni nos fijamos en ellas, como por ejemplo, la fregona. Que ahora casi todos sabemos ya que la inventó un español. Pero fuese de donde fuese, ¿nadie se ha preguntado nunca qué se le pasó a ese buen hombre por la cabeza para inventar algo tan "tonto" pero tan estupendo a la vez? Si es que no sabemos apreciar la mitad de las cosas que nos rodean.
Hoy en día, en plena carrera tecnológica (que pasa por delante de nuestras ancestrales narices casi sin darnos tiempo a verla), también pasamos por alto muchos avances que para nosotros son tan corrientes como esa fregona que tenemos en la cocina, pero que muchos de nuestros padres ni siquiera llegan a entender para qué sirven. A ver, que levante la mano el que nunca haya utilizado el buscador de Google. ¿Nadie? A ver, el del fondo... Ah, no... que sólo se está rascando la cabeza... Lo imaginaba.
Escribimos unas palabras en la cajita, y automáticamente parece que se nos soluciona la vida. Sirve para hacer trabajos de clase, para solucionar dudas existenciales, para pasar el rato... y para perder el tiempo también!! Madre mía, qué grande el tipo que creó Google (y qué forrado tiene que estar el hombretón), pero ¿por qué nadie ha creado una especie de tutorial al estilo "Cómo usar Google y no morir en el intento. Encuentra lo que de verdad necesitas"?
Hay varias veces que intento buscar alguna historia, una duda, algo que me interesa, ¡y no hay forma de encontrarlo! Porque no creo que hoy en día haya algún tema, lo que sea, que no aparezca en la red de redes que ya rodea todo el planeta. Y si, yo culpo a Mr.Google (por ponerle un nombre) de no encontrarlo por mi. Por ejemplo, me niego a pensar que es imposible encontrar una sola foto de una plancha de impresión de fototipia. Así que nos encontramos intentando escribir lo mismo de mil formas diferentes, a ver si suena la flauta cibernética, y damos con la fórmula mágica que nos sacará lo que buscamos. Muchas veces, sólo nos quedamos con las ganas.
Pero que no se me malinterprete, que Google es un gran invento. Yo ya no sé qué haría sin él. Y además, tiene un "algo" que me fascina, por encima de todo. Sus logotipos. Resulta que hay tipos que diseñan un logo para que tan sólo se exhiba durante 24 horas. Conmemoran todo tipo de celebraciones, días especiales que la mayoría de los mortales ni siquiera sabemos que existen. Y Mr.Google lo sabe por nosotros.


50º aniversario de las piezas de LEGO - 28 de enero de 2008






Año Nuevo - 1 de enero de 2007






Aniversario del nacimiento de Louis Braille - 4 de enero de 2006





Celebración del 7º cumpleaños de Google - Septiembre de 2005






Aniversario del nacimiento de Leonardo da Vinci - 15 de abril de 2005






50º aniversario del descubrimiento de la estructura del ADN - 25 de abril de 2003






Aniversario del nacimiento de Monet - 14 de noviembre de 2001

jueves 21 de mayo de 2009

¿Un juego de niños?

Si esto fuese un diario, está claro que sería un fracaso... Casi dos semanas con el candado cerrado, aunque no del todo. Sí que suelo dedicar un rato de vez en cuando a visitar otros blogs, mis habituales, por eso de no quedarme descolgada. Pero eso de sentarse a teclear ya requiere de más tiempo, y de eso no he tenido demasiado.
Pero hoy me ha venido una tarde libre, así por sorpresa, como caída del cielo. Bueno, más bien como consecuencia de una huelga general que nos tiene a los vascos un poco trastocados. Yo no me quejo mucho, porque sufrir, lo que se dice sufrir, no la he sufrido literalmente. Sí que es verdad que hoy me han despertado los gritos de los piquetes que querían evitar que los autobuses saliesen de la estación, pero eso ha sido todo. Andaba con "miedito" por verme colgada en el metro, con esperas interminables, llegando tarde a todos lados... y me consta que a algunos les ha tocado. Pero se ve que hoy es mi día de suerte, y en los 3 viajes que he hecho no me ha tocado esperar más de 5 minutos. Así que tan sólo me queda la parte buena, que es la huelga en el instituto. Ayer nuestro tutor insistió en hacer una votación: "Huelga si - Huelga no". Yo sigo pensando que eso era cosa suya, que era él el que tenía que decir si secundaba la huelga de trabajadores o no. Pero el caso es que se hizo la votación, y por 5 votos a 3, hoy no hemos ido a clase.
Y eso está bien, porque ayer mismo me quité de encima el examen que me traía más de cabeza, y hoy me puedo permitir tomarme la tarde de relax. Bueno, más o menos. Porque siempre tiene que salir algo para "j**** la marrana", hablando en plata. Y mira qué raro, que esto me llega de mano de los médicos.
¿Alguien recuerda una especie de juego infantil en el que, cuando alguien soltaba un eructo, ese mismo tenía que tocar a alguien diciendo "bocio", como si le pegase una enfermedad? Para evitarlo, los demás tenían que "vacunarse" con el dedo pulgar en la frente. Yo recuerdo que eso triunfaba en las excursiones de clase y sus viajes en autobús. Y también me acuerdo de que yo ni siquiera imaginaba que eso del bocio existiese de verdad. Y en ese caso, sería una enfermedad un tanto rara que te hacía eructar y eructar sin control. Pues no, resulta que de trata de un nódulo en la glándula tiroides. Y yo lo tengo. A nadie le gusta tener bultos por ahí sueltos, pero bueno, intentaré no preocuparme, porque todavía tengo que hacerme una ecografía y probablemente se quede en nada. Ains, aunque ha sido escuchar la palabra punción... pfffff. A ver lo que pasa.
Así que eso es todo lo que te tenía que contar hoy, querido diario. Ay no, si ya habíamos quedado en que esto no era un diario. Bueno, sea lo que sea, escrito queda.

domingo 10 de mayo de 2009

Remember

Uy, ¡pero qué tarde se me ha hecho! Pasas unos días sin fijarte mucho en el calendario, y para cuando te quieres dar cuenta ya tienes el verano encima, los exámenes están a la vuelta de la esquina y poco a poco, todo se empieza a acabar. Y un día te reúnes con las amigas de toda la vida alrededor de una mesa de una cafetería irlandesa, con una gran familia berreando de fondo en un karaoke, y te das cuenta de que hasta los largos años han pasado en un suspiro.
Desde donde estamos, todo el futuro lo vemos muy lejos, incluso el fin de semana que viene. Pero todo cambia cuando vuelves a echar un vistazo a lo que llevas a la espalda. A veces eso nos hace sentir mayores, y casi hasta nos deprime, pero no ayer. Yo fui feliz. Nos reímos mucho cantando esas míticas canciones que no oíamos hace años, pero de las que todavía recordamos las letras, y fue emocionante irnos acordando de esas series y dibujos animados que nos marcaron (está claro que muy fuerte) en esos años mozos.
Pero sin duda lo mejor del día de ayer fue ver que, a pesar de mis despistes temporales, la gente de siempre sigue ahí, y no sé por qué, pero sé que pasarán otros 20 años y seguiremos recordando de la misma forma. Y juntas. No me sentí mayor, sino afortunada, y más joven que nunca.